sábado, 11 de agosto de 2012

No a la ley Hinzpeter

La violencia la pone el sistema, ctm...!!

de Ricardo Candia Cares, el El Viernes, 10 de agosto de 2012 a la(s) 11:05 ·


El régimen se ha anotado un punto. Vea cómo se alzan voces hablando de errores, malos diseños, ansiedad, mala articulación y contexto erróneos.

Al ver las humaredas muchos se convencieron que la violencia la ponen los estudiantes y no un sistema que apela como respuesta y método de solución de los conflictos a las peores represiones desde los años negros de la dictadura.

¿La violencia no viene desde la marginalidad en que viven millones de chilenos, muchos de los cuales ven en estas ocasiones la posibilidad de entregar su opinión política a piedrazos contra las tropas verdes?

¿Acaso la violencia en Temucuicui es de responsabilidad de los mapuches? ¿La que emerge en los estadios, y  la que viven los niños en las poblaciones tomadas por el tráfico y la delincuencia, la ponen esos desagradecidos e irresponsables?

La violencia es inherente al modelo y Gabriel Boric lo dice como deben decirse las cosas: con la verdad.

Los estudiantes han cometido errores pero no el peor de todos: resignarse a que los políticos indecentes de este país les resuelvan sus problemas. Tampoco han cometido el error de confiar en autoridades signadas con el estigma de haber sostenido un régimen culpable de feroces matanzas, de torturas a centenares de miles de compatriotas, y responsables de condenar a la pobreza  perpetua a millones.

Los estudiantes, en efecto, debieron haber conducido a sus huestes a combatir en el terreno del enemigo. Debieron haber entendido que la lucha política que se verifica en las elecciones es también un escenario, y sigue siéndolo, en disputa.

Las encuestas indican la caída inevitable de los políticos, los partidos y el sistema. Justo la oportunidad para que los estudiantes hubiesen extendido sus movilizaciones a la boleta en el cual se pone el voto. Haber llevado la lucha al terreno de ellos

Veamos qué está pasando con Josefa Errázuriz en Providencia. Cómo una dirigente social apoyada por estudiantes, padres y apoderados se atrevió a desafiar a los políticos de la machina y veamos cómo les ganó. Y como con su triunfo abrió en Providencia, enclave de suyo significativo por ser casi de propiedad de un torturador encubierto, una risueña expectativa y se alza como una carta, sino con certeza total de triunfo, por lo  menos como un ejemplo de los mejores.

Los estudiantes deben asumir consecuentemente su movimiento como político y enfrentar al poder allí donde se genera. Quienes sostienen el modelo que se ha demostrado como el responsable de la postración de millones, han usado las votaciones para su reproducción, al salvo de los inconvenientes que traen los invitados de piedra.

Hoy resulta que muchos acusan a Boric de cometer el error de decir la verdad, de no parapetarse en lo políticamente correcto, que es el otro nombre que usa la mentira en nuestro país.

Lo mismo sucedía en los peores días de la dictadura cuando algunos se enfrentaron al tirano volando torres de alta tensión, recuperando medios para la auto defensa del pueblo, o emboscándolo a tiro limpio. Aquellos cobardes que nunca fueron capaces de otra cosa que acomodarse, salieron condenando la violencia viniera de donde viniera,  como si se pudiera hacer un paralelo entre la que pone el Estado contra millones indefensos, con la que emerge legítima y necesaria de un pueblo hastiado de abusos.

Queda claro que tres buses quemados han logrado achicharrar de paso a muchos que de verdad creen que la violencia se origina en los estudiantes desbocados cuyos dirigentes perdieron el control. Más allá de que por los efectos que ha tenido ese sistema de locomoción colectiva en la gente, deberían quemarse todos, está por verse quien tiró el primer fósforo.  

Si,  los estudiantes deben definir mejor su táctica. Sobre todo, cuidarse de aquellos que ven en la decisión de pelea una razón para arratonarse y coincidir con las autoridades en que no son los métodos, no son las formas y que lo mejor es situar la discusión en los algodonados sillones del Congreso.

Ahí todo es paz.