viernes, 3 de abril de 2009

Y los trabajadores, ¿cuando?



El paro nacional: elementos para una discusión
escrito por Manuel Ahumada Lillo
Desde siempre, el paro ha sido la herramienta de los trabajadores para responder a las políticas patronales y gubernamentales que la mayoría de las veces son atentatorias contra los intereses de los trabajadores. En estas luchas siempre han contado con el apoyo leal y entusiasta de movimientos sociales y políticos, quienes han adherido y hecho suyas las demandas de los trabajadores organizados. Los trabajadores han obtenido grandes victorias cuando contaron con un instrumento amplio, único, unido, donde los dirigentes representaron fielmente el sentir de los dirigidos.
Por el contrario, cada vez que primaron otros intereses, o se impuso la desunión los resultados no han sido los mejores. Siempre hemos considerado vital para un buen resultado el nivel y los instrumentos de organización con los que cuentan los trabajadores, ya que solo así se pueden acometer desafíos como la paralización de actividades. En nuestro país durante muchos años, mas por intereses diversos que por una real preocupación por los trabajadores, se ha estado convocando a diferentes jornadas de movilización dentro de las que se ha considerado el paro nacional. Los resultados no han sido buenos pese a las alegres evaluaciones publicas.
Veamos. Se han demandado nueva leyes laborales, mejor trato, sueldos mínimos dignos y un sinfín de demandas sectoriales. ¿Han permitido las movilizaciones conseguir los objetivos signados?. La respuesta es NO, y debemos agregar que ni siquiera lo han sido en un porcentaje mínimo que hiciera aconsejable insistir por la vía de nuevas jornadas hasta la satisfacción total de las demandas.
El factor común a estos fracasos, ha sido la carencia de una verdadera organización.Para ser claros, nunca han estado los trabajadores en masa en la calle, ni copando las empresas para impedir el ingreso del krumiraje. Pese ha algunos éxitos de paralización en el transporte (no siempre por gestión obrera) el mayor número de asalariados ha hecho esfuerzos de todo tipo para llegar a sus lugares de trabajo.
Nos hemos encontrado con muchos que comparten este diagnostico, pero nos hablan de la inconveniencia de hacerlo público ya que, según ellos, debilita a la lucha, dicen que no importa cual sea el resultado lo que importa es que el sistema perciba que no todos lo toleran, que no es relevante quien convoque pues lo que vale es que exista el llamado.No compartimos ese criterio. ¿Porque vamos a adherir a las convocatorias de un referente que se ha mostrado incapaz de educar, organizar y conducir a la clase, que no lucha sino que negocia, que lucra excluye y discrimina, que transformó en un mandamiento eso de “avanzar en la medida de lo posible”?
Los que entienden de política evalúan todo como un avance, siempre hablan de positivos resultados cuando son consultados. Los que no saben pero que en ningún caso son ignorantes, pueden ver que estos “avances y positivos resultados” generalmente se traducen en que los que antes no se codeaban con el poder ahora lo hacen y en la presentación de proyectos de ley que nunca van a la solución de fondo. Ejemplos hay muchos, pero basta recordar las demandas de los trabajadores y de los estudiantes no universitarios, para saber por donde ha ido la mano.
El problema de la participación no es entonces algo menor o secundario, si no que prioritario para un resultado exitoso. Por lo mismo debemos reconocer que si los resultados son pobres o insuficientes es entre otras razones porque los trabajadores vinculados a la empresa privada prácticamente no participan de las movilizaciones.
¿Esta no participación se debe solo a que son temerosos, individualistas y consumistas, por lo que no están ni ahí con lo que las organizaciones sindicales demandan, o es que los dirigentes prefieren justificar así su incapacidad de dar educación y conducción?
Es obvio que la represión dejó sus huellas, que el miedo a perder el empleo influye, que el nivel de endeudamiento es tal que no se puede dar al patrón una razón para el finiquito. Pero también debemos entrar a considerar definitivamente como factor la decepción que tienen los trabajadores en la organización social y política, el descontento porque se llame a pelear por 10 y se acepte 1 sin consulta ni evaluación previa.Los trabajadores observan lo que está pasando, probablemente no expresen abiertamente su opinión pero tienen la suficiente percepción para entender quien está con ellos y quien solo los utiliza para beneficio propio.
Hay que contradecir abiertamente el discurso que habla de una organización sindical poderosa y en permanente crecimiento. Si algún ente sindical hoy es reconocido por el gobierno y por los empresarios, es porque con la cancioncita del “dialogo social” han ido cambiando lentamente las reales aspiraciones de los explotados por las conversaciones y los diálogos, todo esto de espaldas a los trabajadores.
Reconozcamos, de cara a las masas que invocamos, que la organización sindical no solo se ha estancado sino que ha disminuido (ver pulso anterior), que algunos dirigentes están mas preocupados de amarrar acuerdos políticos que de educar organizar y luchar, que las luchas que se muestran como exitosas no siempre lo han sido y muchas veces a lo mas han entregado bonos por una sola vez y varias hojas inservibles, resultados que a la larga y mas allá de que se nieguen a reconocerlo, van minando la confianza y la adhesión de los trabajadores.
Necesariamente, para participar de un paro, debemos considerar el peso orgánico y la estatura moral del que convoca, elementos que son generados por la acción sindical y no por declaraciones más o menos encendidas. ¿Por que los trabajadores debieran seguir en su llamado, a los mismo cuyos resultados hasta ahora son miserables, a los seguidores de la doctrina concertacionista de “avanzar en la medida de lo posible?
Como se va a ser parte de la convocatoria de una organización donde algunos de sus consejeros practican abiertamente la exclusión y la discriminación y otros andan mas preocupados de ser parlamentarios?
Cuando hemos dicho que con las condiciones orgánicas en que se encuentra el sindicalismo y las organizaciones sociales es imposible un paro, se nos tiran con todo. ¡Promotores del apolitismo, renegados, servidores del gobierno y de los empresarios!, nos han gritado.
No nos importa, seguiremos insistiendo. Los paros no son exitosos por que los decrete un grupo de iluminados y aparezcan a media página en los titulares de algún medio, en miles de volantes y algunas decenas o cientos de pápelografos.
Los paros son posibles de realizar y exitosos, solo con miles, millones de trabajadores organizados en sindicatos, ganando la calle, convencidos de lo justo de sus demandas. Lo demás son cuentos y cuentos que terminan en fracasos.
Para que una movilización sea exitosa – entendiendo por esto que se ha puesto en jaque al sistema y este debe conceder – se debe tener en primer lugar una poderosa organización al frente de ella ( La CUT de 1973 tenía organizado a 1/3 del total de la fuerza de trabajo activa). Si no se cuenta con una única organización se deben dar pasos hacía la unidad en la acción de todos los que luchan, con un sinfín de iniciativas. Los que convocan deben invitar a los demás referentes sindicales que existen a conversaciones de planificación y evaluación donde se vaya midiendo el resultado del llamado.Unos y otros han de deponer intereses particulares y poner por delante a los trabajadores y sus demandas, desde ahí sin duda que saldrá un llamado unitario, señal mínima para comenzar a recuperar la credibilidad de los trabajadores.
Por eso creemos que no están dadas las condiciones para un paro nacional exitoso. Para cumplir ese anhelo deberemos trabajar muy duro para educar a los trabajadores en la necesidad de luchar por sus reivindicaciones y esto está ligado indisolublemente a la organización. Por ahora se podrá seguir llamando a movilización y ocupando algunos espacios en los medios de comunicación. Pero si no hay fuerza no hay éxito.
O tenemos organizaciones reales, vivas, activas y en movilización o seguiremos esperando inútilmente resultados positivos, a lo más se obtendrán compromisos del sistema de algún proyecto de ley para que nada cambie.
Nosotros hemos sacado conclusiones de todo esto y las expresamos como lo hacemos en este documento. No se trata de promover la desesperanza ni de ser negativitas. Se trata de ser honestos, de sacar toda la mugre que cubre la herida de la organización, limpiarla y curarla para que vuelva a ponerse al frente. Por eso crecemos, por eso nos creen.En este momento de fuertes golpes del sistema es bueno recordar que nuestro pueblo dio muestras claras de que bajo una consigna justa es capaz de organizarse y responder al sistema que lo oprime.
Mientras avanzamos en la organización construyamos un arco lo suficientemente extenso para que todos tengamos cabida. Fraternalmente las organizaciones sindicales han de dar a espacio a partidos y movimientos entendiendo estos que deben apoyar y no intentar dirigir ni hegemonizar con sus cuadros lo que llegue a crearse.
Hay que construir las bases nacionales para una protesta en gran escala, protesta que debe ir acompañada de boicot por ejemplo a cadenas de supermercados si están no bajan los precios y un largo etcétera que ira naciendo del contacto con el pueblo.
Por iniciativas y propuestas seguro que no nos quedaremos, pero debemos trabajar rápido para construir el instrumento. De lo contrario, en algún momento los trabajadores, el pueblo pasarán la cuenta.
Manuel Ahumada Lillo
Presidente CGT MOSICAM


lunes, 30 de marzo de 2009

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