miércoles, 14 de septiembre de 2022

Nueva Constitución... Un escenario en disputa

Por Jorge Gálvez

(ex Dirigente del FPMR hoy integrante del Partido Igualdad)


El estallido social de octubre del 2019 fue una rebelión de las capas medias, que se canalizó a través de la movilización social, arrastrando a otros sectores sociales, y que luego se expresó a través de la Convención Constitucional y el Gobierno del Frente Amplio, imponiendo una agenda liberal.



Insurrección del 18 de octubre 2019


Se han publicado miles de páginas analizando el Estallido Social en Chile, pero pocas de ellas desde una concepción clasista, desentrañando las causas reales del conflicto social.

La crisis del modelo neoliberal en el país ha sido un golpe para todo los sectores, clases y capas sociales, sin embargo, los más afectados por su estándar y por su psicología aspiracional de vida fueron las capas medias.

La crisis que vive el capitalismo desde 2008 y sus consecuencias en la realidad nacional, provocó la ruina permanente de los sectores medios, la desaparición material de esta capa, generó estragos en la cotidianidad de ciento de miles de familias en Chile.


El miedo a la profundización de la pobreza repercute de forma distinta en los sectores medios y en el pueblo pobre, este esfuerzo constante de parecerse o acercarse al estándar de vida de la burguesía, genera una psicología ambivalente, bipolar, con reacciones explicadas desde la profunda frustración en los periodos de crisis del sistema capitalista. 

El estallido Social del 18 de octubre de 2019 es esencialmente expresión de la ruina de las capas medias, son ellas que levantan banderas claramente políticas y reivindicativas en los contextos de protestas contra el gobierno de Piñera, simbólicamente son miles de personas que se sitúan en las comunas donde principalmente vive este sector social, mientras en “Ñuñoa” como baluarte del Frente Amplismo estaba lleno de contenido y propuestas de las demandas liberales, en cambio en las comunas populares prevalecían principalmente los saqueos al comercio establecido, supermercados, etc., eran masas de cientos de personas que querían saciar su deseo de poseer lo que no tenían o no podían obtener exclusivamente con sus salarios de hambre, pero en esas acciones no había contenido político al menos explícito u organizado, no era un cuerpo reivindicativo. Esto no significa que sí existieron ciertas expresiones organizadas de la clase trabajadora, pero en el contexto general fueron minoritarias.

Los trabajadores y trabajadoras no se rebelaron en el Estallido social con sus demandas históricas o a lo menos no hegemonizaron, son las capas medias que monopolizan el descontento contra el modelo, esto último no significa que los sectores del campo del trabajo no estuvieran presentes en las masivas marchas en los centros de las grandes ciudades, pero siempre fue una participación subordinada a la hegemonía de la política de las capas medias. Todo esto se debió principalmente por que la clase trabajadora carecía de organización, de movimientos y partidos con un claro itinerario o ruta transformadora alternativa al neoliberalismo.


El estallido social es antecedido por el surgimiento del Frente Amplio, representadas principalmente por las expresiones orgánicas y políticas conducidas por los ex líderes del movimiento estudiantil provenientes de mediados del 2000, Giorgio Jackson, Gabriel Boric, Camila Vallejos, Izkia Siches, etc., que luego se traducen en los partidos Revolución Democrática, Convergencia Social y otros. Esta expresión política es producto de las capas medias politizadas, fruto de los efectos de la crisis capitalista, es este sector el que logra construir un relato reivindicativo, una política y una estructura partidaria, transformándose en alternativa a la derecha gobernante.

El surgimiento del Frente Amplio y el estallido social son dos fenómenos que tiene las mismas causas, el empobrecimiento de las capas medias.

Las capas medias y sus movimientos políticos como decía anteriormente, lograron imponer un relato, una visión de la realidad y principalmente un contenido reivindicativo, pero todo ellos, y esto es importante, desde una concepción de mundo que mira y dibuja la realidad desde su condición de capa social, de esta manera, sintetizada en una agenda liberal. En esto está su visión de su política “identitaria” de la diversidad de las minorías, el feminismo liberal, la plurinacionalidad extrema, el animalismo liberal, su lenguaje inclusivo, etc.


El Rechazo


La Convención Constituyente es también producto de la monopolización de los sectores medios, aunque a ellas llegan sectores de la “Lista del Pueblo”, son básicamente individualidades que carecían de proyecto político, que rápidamente asumen conductas y acciones que generan fuertes costos políticos para la nueva carta constitucional. El mundo e intereses estratégicos de los trabajadores y trabajadoras no habitaba en la Convención Constitucional.

La agenda liberal de las capas medias predominó en la nueva propuesta de constitución, la invención simbólica de nichos identitarios en el mundo étnico, en el ámbito del género, la paridad, diversidad y disidencias, todos estos aspectos sociales tenían como paragua la cosmovisión liberal.

Por otro lado, el desprecio a la historia de Chile, a la Patria y sus símbolos, a las tradiciones y cultura del mundo rural, tenían un olorcillo a cierta supremacía valórica del proyecto liberal frente amplista respecto al resto de sectores sociales.

El 4 de septiembre hiere de muerte la agenda liberal liderada por el gobierno de Gabriel Boric. Las masas que irrumpen en el plebiscito y que nunca habían participado de ningún acto electoral en los últimos 32 años, no eran feministas en el sentido liberal, no les interesa la integración de las minorías sexuales, al pueblo Mapuche no le interesaba la plurinacionalidad, ni tampoco a las masas chilenas, etc, en esta franja de los habitantes del país a pesar que son muy conservadoras, hay cierto olfato de clase instintivo, poco refinado, que les permitió intuir lo que no quieren.

El 4 de septiembre en el sentido estricto no hay una victoria de la derecha, sino una derrota del itinerario liberal del Frente Amplio, que ante la ausencia de proyecto popular, los movimientos políticos de clase no tenían más alternativa que buscar fisuras y matices en el marco de la hegemonía liberal, aprobando pero abriendo caminos para la continuidad de la lucha, lo cual también implicó necesariamente asumir costos de la derrota.


Reconstruir el Proyecto Popular


El escenario post plebiscito, es un escenario en disputa, en la cual las fuerzas populares deben generar una propuesta en el marco de la contradicción Capital-Trabajo, que le de sentido y direccionalidad a las demandas culturales anteriormente hegemonizadas por el frente amplismo, sea la liberación de la mujer, la relación con el medio y la naturaleza, la integración de los pueblos originarios y las minorías sociales, etc., su paragua deben ser el proyecto y la cosmovisión de la clase trabajadora, esto no es antojadizo, sino es la única manera, que esas demandas adquieran sentido estratégico y una visión anticapitalista, impidiendo su coaptación por el sistema y el modelo neoliberal.

Debemos entender que desde el punto de vista metodológico y de construcción política, las masas siempre definen el punto de partida, y la organización política el punto de llegada, de esta manera, desde una concepción de clase, hay que estimar a las masas con sus creencias, valores, incluso con su conservadurismo, pues no hay otra manera de generar un lazo de empatía, de acercamiento, de complicidad, que nos abra la puerta para iniciar un proceso de transformación de las conciencias.

El gobierno de Gabriel Boric está con una estocada de muerte, se ha derrumbado toda su capacidad política, carece de disputa del poder, se han rendido a la derecha y los neoliberales, una propuesta popular deber irrumpir, instalarse como una clara oposición a este gobierno, pues la disputa hegemónica está con las fuerzas que buscan darle conducción a las masas que se pronunciaron el 4 de septiembre.


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