Las luchas de los pueblos latinoamericanos por
conseguir mejores condiciones de vida, se han venido dando y desarrollando
desde las batallas por la independencia en los inicios de los siglos 19 y 20
regados con la sangre de hombres y mujeres pertenecientes a las clases
explotadas, que han pintado los campos y las ciudades de las repúblicas que
buscaban libertad e igualdad.
Esas experiencias de lucha libertaria, generalmente
han sido cooptadas por las clases emergentes y oligárquicas que, se apoderan de
las consignas, que los insurrectos demandan en los procesos revolucionarios, y
acomodan las situaciones transando las exigencias en acuerdos cupulares y
secretos, con el fin de perpetuar el manejo del poder dejando conforme a las
masas por medio de retóricas consignas y mentiras mediáticas de
justificación.
Así ha sido durante estos dos siglos de ensayos "democráticos"
donde generalmente la "carne de cañón" trabajadora, campesina y
estudiantil, es quien se "enfrenta en campos y calles de batalla" a
costa de su vida... y quienes logran sobrevivir, son encarcelados por atreverse
a "levantarse usando la rebelión" contra el poder establecido.
Es lo que actualmente está ocurriendo en Chile, con
los jóvenes de la revuelta insurreccional de octubre de 2018, que se enfrentó
al régimen de Sebastián Piñera y cambio el paradigma neoliberal, dando paso a
una Convención Constitucional. Así como los jóvenes que se enfrentaron a la
Dictadura de Pinochet en los 80, que con su lucha abrieron espacios, pero
fueron los "otros" profesionales y dirigentes
"progresistas" quienes negociaron y dieron paso a una
"democracia tutelada"...
A continuación, un escrito de esos actores del siglo pasado.
La Misión
Esa fría tarde de junio del
año 1986 me preparaba para salir.
Debía cumplir la misión que, el partido en clandestinidad, me había encomendado como secretario de la célula, en las tareas políticas del “año decisivo” consignado por la
Dirección Nacional. Ya habíamos acordado con los compañeros, juntarnos dos horas
antes del toque de queda que había decretado el régimen ante las crecientes
movilizaciones populares y los asaltos armados a camiones de comida, junto al
descubrimiento de las armas en Carrizal Bajo que, el
Frente Patriótico Manuel Rodríguez, había
internado al país en mayo, para enfrentar a la
Dictadura.
Tome el poncho sureño, que
me habían regalado familiares de Puerto Montt y la bolsa de “palomas” como
denominábamos a los volantes que llamaban a la “Protesta
nacional” de los días 2 y 3 de julio del 86 y
por justicia a Parada, Nattino y Guerrero, secuestrados y degollados a fines de
marzo del año 85 por la policía dictatorial.
Salí a la acera y me detuve un momento. El frío se impregnó en mi rostro y enfilé hacia la calle
Del Consistorial. Debíamos encontrarnos en la pequeña plazoleta que enfrentaba
la entrada del edificio municipal, que había sido construido remplazando a la
cancha de fútbol de la población Neptuno, que por años perteneció a la junta de
vecinos, junto a las oficinas y salón de
reuniones, producto de una donación entregada por la “Alianza para el Progreso”
de los años 60 y que hoy, gracias a una venta fraudulenta realizada por el
“dirigente” - impuesto por la
Dictadura,
- ocupaba el Juzgado de
Policía Local.
Camine con la adrenalina al
tope, observando a mi alrededor algo anormal que definiera algún peligro, un
auto sospechoso o alguien que no fuera conocido del sector, todo se veía tranquilo
y los vecinos seguramente ya se habían encerrado mirando la televisión con los
programas misceláneos, entregando regalos y premios que, el régimen financiaba para ganar prosélitos que lo siguieran
sustentando.
Llegué a la esquina frente
a la escuela y viré a la derecha, esperando encontrar a algún compañero y nada,
no se encontraban en la avenida Del Consistorial y tampoco se veía algún
vehículo policial que, generalmente, se ubicaban frente al juzgado. Caminé hacia la plaza y encontré
a Pedro fumando un cigarrillo al costado de un árbol, lo que me tranquilizó.
– ¿Cómo estamos, compa? – susurre a forma de
saludo. – ¿Estas solo?
– Acá si… el Mario y el Cesar están en el pasaje
a la vuelta. Encontraron material para barricadas que podrían servir en la protesta.
– Ya, vamos para hacerla cortita… debajo del
poncho traigo las palomas.
Partimos al punto de encuentro en el pasaje. Los otros
compañeros se encontraban sentados en un tronco de árbol que había sido cortado
recientemente, conversando en voz baja. Nos repartimos los volantes y acordamos
salir uno primero delante, para controlar el camino y después, Pedro y yo,
encargados de “regar” la zona volanteando hasta media hora antes del toque de
queda; el último seria la retaguardia y con un silbido nos alertaría de algún
seguimiento.
Rodeamos el edificio municipal hacia la calle Igualdad y
desde ahí, seguimos hacia Los Membrillos, por
donde saldríamos a la avenida Las Torres para volver, por calle Vicuña Rosas, hacia la
población. El volanteo fue rápido y sin contratiempos en el comienzo. Pocos eran los vehículos
pasaban, que hacían detener la faena y seguimos
la marcha hasta Vicuña Rosas. Pocos minutos después de enfilar por la esquina y
ya, habiendo descargado otro paquete de volantes, sentimos un vehículo detrás
que se acercaba tan rápidamente que, el compañero de retaguardia no alcanzó a
dar la alarma… la premura del momento hizo que mi mano mantuviera el paquete un
momento mas, sin soltar la nueva descarga. En menos de un segundo, el vehículo
aparece por el costado y se detiene bruscamente abriendo sus puertas traseras,
pintadas de forma horizontal bicolor verde y blanco, bajando dos carabineros
con sus bastones listos para atacar.
Mi nacimiento fue
en el día de la marcha preparatoria para las “Glorias del Ejército”. En
Alameda, justo cuando pasaban los soldados frente al Hospital San Borja, rumbo
al Parque O´Higgins, mi madre pujó y llegué con el
llanto atragantado.
Crecí en una población Corvi, la de Neptuno, en los
tiempos de Jorge Alessandri y Eduardo Frei Montalva…en tiempos de tomas de
terrenos organizadas por dirigentes populares formados políticamente al calor
de las luchas campesinas, sindicales y por la vivienda.
Estudié en tiempos de reforma educativa, que preparaba
obreros en Liceos industriales y empleados técnicos o profesionales que surgían
de Liceos Científico Humanistas. El Golpe de Estado cívico militar, me
sorprendió jugando ping pong en el pasillo del Liceo de hombres Nº 19, un año
antes de terminar Enseñanza Media, dispuesto a defender el gobierno
constitucional del compañero Allende.
Mi juventud, ávida de participación política, se truncó en
“estado de sitio o de emergencia” entre militares y civiles
no identificados, que llegaban a tu casa y te sacaban en toque de queda, para
llevarte a “declarar” por meses, como a mi suegro… Muchos no regresarían jamás,
se quedarían “por la razón o la fuerza” con “El Cóndor”; o se los llevaría
encadenados el Caleuche, hasta el fondo del Pacifico, “ese mar que tranquilo te
baña”.
Después de mi largo y estresante servicio militar,
conviviendo con los verdugos y sanguinarios defensores de “la
Republica”,
que pregonaban hacerlo por “la Patria”, me dejaron a la deriva, sin esperanzas de una vida mejor…
pagando estudios técnicos que no sirvieron de nada, formando una familia llena
de carencias y remates por no pago, con rabia acumulada y un montón de deudas.
Había que hacer algo para terminar con la noche larga del invierno
interminable.
El compañero Pedro, intento correr, pero mi mano sujetando
su brazo le hizo desistir. Mi sangre fría producto del entrenamiento militar,
le hizo conservar la calma al mirarme. Sujeté fuerte la bolsa con los volantes
bajo el poncho y me preparé cargado de adrenalina, a enfrentar las lumas
policiales.
Los Carabineros no nos miraron a los ojos, bajaron
raudamente y rodeando el furgón policial con sus destellantes luces rojas y
verdes, corrieron hacia el pasaje de enfrente. Se detuvieron frente a una casa
con un portón metálico y ordenaron abrir el local. De inmediato la orden fue cumplida
y desde el interior del “clandestino” comenzaron a salir los “chichitas” en
evidente estado de embriaguez.
Pedro me miro, sonrió aliviado y sin emitir una palabra seguimos caminando. El compañero Sergio de la vanguardia, se detuvo unos segundos… miro atrás y volvió a emprender la marcha. El grupo siguió
rumbo al oriente para continuar el trabajo y deshacerse de las evidencias
conspirativas.
Las protestas del 86 fueron exitosas. En las poblaciones
de la nueva comuna de Cerro Navia, parte de la ex comuna de Barrancas, las
tanquetas recién adquiridas por el régimen no frenaban la movilización; Herminda de la Victoria, Resbalón, Violeta Parra, Costanera
Norte, Neptuno y Nueva Las Barrancas, entre otras poblaciones, entregaban sus
mejores jóvenes para enfrentar las fuerzas represivas; jóvenes que estaban
dispuestos a entregar su vida junto a la
Resistencia,
al Movimiento Juvenil Lautaro, a las Milicias Rodriguistas y al “populacho patí
pelado” del PEN y POJH organizado, que esperaban la formación del Ejercito del
pueblo.
Muchos dicen ahora que esa lucha no servía, que la paz que
anhelábamos se podía negociar con la
Dictadura
y negociaron, a espaldas del pueblo, un plebiscito sin registros electorales,
cuando la caldera estaba a punto de reventar… negociaron una salida pactada,
que se definiría con la famosa “batalla del lápiz” que ganaron, con un jaque de
alfil; Rey ahogado en Torre1; para terminar en tablas, a la
chilena. Pero yo creo que no ganamos, que fue otra utopía, “el Rey ha muerto,
viva el Rey” dijeron los “sabios” dirigentes políticos.
Si no hubiera estado la férrea disposición de luchar, de
buscar y traer armas, de organizar una fuerza militar propia, de entregar la
vida por la democracia popular, si no hubiera habido un intento de magnicidio,
si no se hubiese llamado a la “Rebelión Popular” y la “Guerra Patriótica
Nacional” ¿hubiese ganado la negociación por si sola? No lo sabemos.
Y aquí estoy ahora, después de toda una vida trabajándole
a distintos patrones, prestándoles servicio de ventas, de tele-marqueting o de seguridad privada, cuidando la economía del
chorreo que nunca se desborda para disputar las migajas, con mis sagrados
descuentos previsionales en manos de los mismos empresarios del régimen, que nos dicen una y otra vez "esperen tiempos mejores", a
doce meses de jubilar y
recibir una mísera pensión.
Esperando un corto futuro incierto, de mayores carencias e inseguridades, de
seguir en trabajos cansinos y pitutos paupérrimos, o una
Fundación florida para abuelos.
Y cada noche de insomnio me pregunto… ¡Con la negociación
y la salida pactada!, ¿Qué ganamos? La modificación de la
Constitución
dejada por la Dictadura; El modelo Económico de los Chicago
Boys impuesto a sangre y fuego, pero
maquillado; La entrega de los recursos naturales sin industrialización previa ni impuesto al valor agregado; La entrega de los servicios básicos, estratégicos, de obras
publicas y vial a Empresas extranjeras; Los tratados de “libre comercio” con las grandes corporaciones
transnacionales que se llevan las riquezas a paraísos fiscales; las políticas económicas y distributivas impuestas por el
Fondo Monetario Internacional;
¿Realmente le ganamos a la
Dictadura
y sus dirigentes políticos civiles, con un lápiz y el voto popular?
¿Ganamos nuestra verdadera libertad?
Gustavo Paredes